Aunque no pudimos mantener nuestro nivel habitual en el deporte (éramos los pequeños del campamento y eso se nota), sobresalimos en los juegos de tarde y en algún que otro juego de noche, conseguimos crear la moda de las espadas (después de nosotros todo el mundo quería una), y sobre todo acogimos a un montón de sapos, ranas y demás animalejos huérfanos que querían ser nuestras mascotas. Nos intentaron atacar unas astillas de madera, que hirieron a dos de nuestros hombres, pero conseguimos extirparlas sin problema. Quizá por eso nos llamaban Tres piedras...
Para todos los que fueron al campamento en el Valle del Tietar (y para los que quisieron venir pero no pudieron), aquí van unas imágenes de los momentos más estelares. ¡Qué pena que de noche no se puedan hacer bien las fotos al aire libre (menudos juegos)!
